jueves, 17 de mayo de 2007

Tecnología Hostil

La alarma del teléfono celular me indica que es hora de levantarme y comenzar con mi día, apago el ruidoso aviso y me levanto. Dejo el café dentro del microondas, pero al rato escucho un chispazo y al mismo tiempo comienzo a sentir olor a quemado, abro el microondas con mucho cuidado y descubro que gracias a mi “viveza matinal” dejé la cuchara dentro de la taza. Las personas que tienen microondas sabrán que nunca deben dejar objetos de metal dentro del aparato cuando está en funcionamiento, bueno yo también lo sabía pero lo hice.


Tomo un vaso de agua como desayuno y emprendo mi camino a pie hacia trabajo y, como de costumbre, voy escuchando las noticias en mi radio portátil, que a pesar de no ser un diminuto MP3 de esos que tienen colorcitos en la pantalla, a mí me gusta, es útil y no falla nunca. Continúo mi camino disfrutando del clima ameno, del hermoso cielo azul y sigo escuchando atentamente mi radio hasta que de repente la voz del locutor desaparece, dejando solo los sonidos de la calle. “Bueno, se quedó sin pilas” es mi primer pensamiento, mi hipótesis queda totalmente descartada cuando veo como un humito gris comienza a emanar del bolsillo de mi pantalón donde, justamente, siempre guardo mi radio. Rápidamente saco la radio y quedo observando como sigue saliendo el humo. “Lo segundo que quemo en 40 minutos” me digo para mis adentros. No se que pasará hoy con los aparatos, están todos en contra mía, o tal vez sea medio bruto para usarlos. No se porqué, tal vez a modo de consuelo, pero elijo la primera opción.


Al fin llego al trabajo, sin siquiera darme tiempo para sentarme mi jefe me ordena que vaya a un hotel céntrico a entrevistar a los integrantes de una conocida banda musical que acaba de llegar a la ciudad. Saco el grabador del cajón de mi escritorio y rápidamente llego al lugar. Como gran periodista que soy hago una entrevista memorable con preguntas de una acidez inquietante, “¿Les gusta la ciudad?”; “¿Cuántos integran la banda?”; “¿Vinieron en combi, colectivo o en taxi?”.


Llegando al trabajo me aferro a mi grabador sabiendo que esta es la entrevista que me dará mi tan merecido ascenso. Le entrego el cassete al operador con ansias de que todos escuchen mi originalidad y mi punzante enfoque periodístico. Pero apenas comienza a rodar la cinta todos se echan a reír, las voces de los artistas se grabaron mal y se escuchan muy agudas y a una velocidad muy rápida, parecen las famosas ardillitas de la tele.
El audio queda inservible, solo se puede utilizar para desgrabarlo, eso es lo que me manda a hacer mi jefe “para que por lo menos el locutor lea los testimonios” me dice.


Comienzo a escribir lo que escucho en mi computadora, luego de una hora seguida de trabajo logro terminar. Al intentar grabar el archivo se congela la pantalla y la máquina no responde ante ningún comando, “me pasa por usar el Messenger mientras trabajo” es la conclusión que logro sacar de toda esta desafortunada situación. Antes de que mi jefe advierta el problema, rehago rápidamente el trabajo y lo mando a imprimir. Como no podía ser de otra manera en este día la impresora también presenta problemas, y “escupe” frenéticamente hojas mal impresas. La ira invade mi cuerpo y arremeto contra esa maldita máquina, la tiro al piso y comienzo a pisotearla repetidamente. Para finalizar mi ataque de ira decido desconectar el cable de energía del aparato de un violento tirón, pero me sale mal, ya que el cable estaba pelado y recibo una tremenda descarga eléctrica que me deja inconciente.


Al despertar en el hospital lo primero que veo es que estoy conectado a una máquina que monitorea los latidos de mi corazón, la ira vuelve a aparecer, arranco todos los cables de mi cuerpo y grito a viva voz “¡¡¡Basta de estos aparatos modernos, son el peor invento del mundo, nos van a matar!!!”.


Para mi asombro me entero que estos “aparatos modernos” salvaron mi vida, ya que luego de recibir la descarga, un compañero llamó por celular al hospital; el personal del hospital procesó el llamado en la computadora y mandó la ambulancia e imprimieron mis análisis y el diagnóstico en una impresora laser.


Me olvidaba, la comida del hospital la recalentaron en un microondas, por suerte no se dejaron ninguna cucharita adentro.

3 comentarios:

Marcos dijo...

¡Enhorabuena!, el mundo de los blogs le ha abierto las puertas a "La Cobra", o Tincho bah, un amigo que sabe cómo escribir con humor y acidez. Este fue el primero de los muchos buenos textos que van a poder apreciar, así que esténse atentos. ¿Si se lo pueden recomendar a otros? Ni lo duden...

Anónimo dijo...

holaaa mi martinchurriisss... nome pude reir mas cuando lei tu cuentiitoo.. baaa primero pense que era de adeveitass :P jajajaj y que se yoo por ahiiii.. voy y las malas experiencias con la tecnologiaaa.. lo del msn.. siempreeee.. o esas veces quetenes que imprimir algo para el colee. y la impresora se quedo sin tintaa o no andaaaaaaaaaaa!!!.. jajaja que maaaaaall!!!..

te quiero mucho mi martinchurrisss!!

mil besotesss!!

andreita (*)

Anónimo dijo...

Celebro la llegada de "La cobra" a nuestras pantallas, su talento me hace recordar a grandes autores que he leído durante toda mi carrera como....eeem....Gushtaf eee Pontiroli, si ese. Excelente artículo de pricipio a fin que nos recuerda a la frase "nosotros los hicimos!!" (chiste interno).

Y ahora si para seguir con la linea de comentarios: Ellloooo, Martichinculínchulisssscarancheriussoplañocaaasss!!!!! Gutó mucho nene cuentoooo!! A mi me passaaaa, usaba el masinyer todo el día y ssee me quemó el cooocooo!!...cooobra la cooobra o no leee paaaagaaaan?? jujujaaaajujaju!! seee me vueeela el boleetoooo!! ete qué huyaaamos profesooorrr!